
Mi título de hoy tiene un claro significado que más adelante pasaré a comentar, aunque como diría aquel ex-presidente del Congreso, “¡manda huevos!.”
Las cosas por Bristol cambian drásticamente o progresan exitosamente. Lo primero que quiero comentaros es que el próximo 1 de agosto nos cambiamos de casa. No voy a entrar en detalles, pero básicamente ha ocurrido que los tipos con los que compartimos casa nos han engañado. De modo que hemos decidido marcharnos de aquí. Y de nuevo comienza la aventura de buscar casa, visitar y decidir cuál es la menos mala. Lo peor de todo es que ahora hay que hacerlo a contrarreloj. Ya tenemos algunas candidatas, y la verdad es que cuesta decidirse. Cuando ves casas en este país te planteas la pregunta; ¿es Inglaterra entera una moqueta?
Por otro lado, en el trabajo todo me va bastante bien y estoy a gusto. El jefe de cocina es un sudafricano que tiene una novia española, y siempre que trabajamos juntos nos pasamos el rato hablando de un montón de cosas, así practico el inglés. Me está preparando para ser chef, así que dentro de un mes o dos empezaré a cobrar un poco más. Los demás compañeros de trabajo también son buena gente; un buen puñado de polacos, otro español, un eslovaco y algunos ingleses bastante cachondos. En general todos hacemos un buen equipo, aunque los managers siempre se creen Jefes de Estado cuando únicamente dirigen un negocio de hamburguesas.
En el trabajo, por la calle y en todos los lados a donde vas en este país, ves a gente que no es inglesa, inmigrantes que vienen a por una oportunidad y que, muchas veces, tienen. Nosotros mismos somos un ejemplo de ello. Pero hay otra cara en esta moneda, y es que si no eres europeo no tienes las mismas oportunidades ni derechos, y por el contrario se te presentan un montón de dificultades. Y esto es por un sistema propulsado por las autoridades y el Gobierno. Sé que así ocurre en muchísimos países del mundo. Por eso yo les diría a todos los que se comportan mal con los inmigrantes, que tengan cuidado. Y cuando hablo de comportarse mal no me refiero a los abiertamente xenófobos o racistas, si no a los que alimentan el miedo y el odio, y a los que ponen trabas a la libre circulación de las personas por el mundo.
Que tengan cuidado, sí. Porque los inmigrantes preparan su comida, lavan su ropa, cuidan a sus hijos, conducen sus taxis, construyen sus casas y labran su tierra. De modo que están subestimando el poder que todo eso conlleva.
Hace poco volví a ver la película “El Club de la Lucha”, y no me parece tan descabellado el Proyecto Mayhem y el propio Club que crea Tyler Durden, el protagonista del filme.
Cambiando de tema, el ocio por aquí es relativo, y en cuanto sale el sol intentamos aprovecharlo, ya que este verano está siendo especialmente lluvioso y muchos días hay que quedarse en casa o salir sólo para ir a trabajar.
Paula estuvo por España unos días a visitar a la familia, y se trajo un buen cargamento de comida que estamos disfrutando cómo no podéis imaginar.
Hace un par de fines de semana hubo un festival de música bastante importante, y fuimos a darnos una vuelta uno de los días, aprovechando mi tarde libre y el sol. El recinto era inmenso; una explanada al lado del campo, y a parte de los escenarios de música, había atracciones de feria y un montón de puestos de comida distintos y atrayentes a los que no pudimos acudir por falta de liquidez. A destacar, la actuación de Mad Profesor & The Ariwa Posse; reggae dub de extrema calidad.
Este viernes comienza otro festival, gratuito, con un montón de conciertos al lado del río, y como invitados estrella estarán tocando los míticos Toots & The Maytals. Por fortuna tengo esa tarde libre, así que no fallaremos. Para la próxima entrada prometo crónica.
Como os decía al principio del texto, quiero comentar un poco todo el tema del secuestro de la revista El Jueves. Lo que más me ha llamado la atención es que un juez ordene un secuestro. Podría haber usado la palabra confiscar, o decomisar, u otros sinónimos que hubieran sido más apropiados, pero… ¿ordenar un secuestro? No deja de sorprenderme.
¿Y qué se supone que debemos hacer la gente al respecto? ¿Aceptarlo? ¿Hacer como si nada? Sé que se comenten muchísimas violaciones a las libertades a diario, pero como periodista que soy, esta me toca la fibra especialmente. Si la vicepresidenta del Gobierno dice que “ve caduco el secuestro de una publicación”, yo digo que lo caduco aquí es la Justicia, la Monarquía y la Constitución Española. Todo esto es lamentable, aunque supongo que la mejor manera de afrontar este ataque a la libertad de expresión, es como lo ha hecho la revista El Jueves; con humor. Pero a mí me da rabia y me hace poca gracia, me parece un paso atrás demasiado grande. Y si les molestan las injurias a la corona, yo me cago en el Rey.
Inevitablemente, todo esto me ha recordado a lo que le ocurrió al grupo de música Negu Gorriak, quienes se convirtieron en la primera banda en ser llevados a juicio por la letra de una canción desde la época de Franco. Su caso fue distinto, aunque el ataque a la libertad de expresión también fue dañino y, al igual que le está ocurriendo a El Jueves, las exigencias económicas que supone un juicio y la imagen que proyecta una mala reputación mediática son a veces irreparables y hacen mella anímicamente en los integrantes de un proyecto musical o al equipo de una publicación.
Negu Gorriak escribieron una canción basándose en una noticia publicada en un periódico; un Teniente Coronel de la Guardia Civil era sospechoso de la desaparición de un montón de kilos de cocaína. La canción comentaba eso y, además, proponía la legalización de las drogas para evitar la corrupción y las mafias. El picoleto implicado denunció al grupo y fueron a juicio. Nueve años después ganó la palabra y la música y absolvieron de toda culpa al grupo en cuestión. El vocalista de Negu Gorriak era Fermin Muguruza, y en respuesta a ese ataque sufrido escribió una canción que me parece muy apropiada para todo este tema de El Jueves. Se llama “Hitz egin!” (¡Habla!), y os la pongo seguidamente para que la leáis. Básicamente trata sobre la importancia del uso de la palabra porque es lo más importante que tenemos y es lo que más daño les puede hacer a los poderes. Y no podemos permitir que nos la quiten. No, no podemos.
“Sí, yo también recitaba a Bertolt Brecht, denunciaba la injusticia en voz alta.
Sin lugar a dudas, mi retórica les molestaba y decidieron cortarme la lengua de cuajo.
Las manos comenzaron a escribir libremente, tocando la guitarra, amiga rebelde.
Y vinieron otra vez en mi busca.
Sin brazos me dejaron inválido.
Sin embargo pronto comencé a arreglármelas con los dedos de los pies.
En vano, los muñones de las piernas descansan en la silla de ruedas.
Pero la mirada les debía seguir denunciando, porque los cuervos me arrancaron los ojos.
Mi sola presencia les debía aterrorizar.
Mis orejas escucharon justo el sonido del disparo.
¿Levantaría alguien la voz?
Para entonces, por el contrario, todos eran mudos.
¡Habla!
Por la libertad de expresión.
¡HABLA!”
¿Estará en un zulo? ¿La rescatarán las fuerzas de seguridad? ¿Harán programas especiales cuando, delgada, barbuda y aturdida por las torturas, salga a la luz?
Nada más por hoy. La foto de hoy es para la portada del número secuestrado de El Jueves.
PAZ